Lea el siguiente texto adaptado y responda a las cuestiones que se plantean a continuación
Perder es un arte. Siempre me han interesado muchísimo los grandes perdedores de los Juegos Olímpicos. Los deportes de élite son eventos muy emocionales en los que los seres humanos se prueban a sí mismos hasta lo más extremo. De ahí que sean tan fascinantes y fuente de importantes enseñanzas. Hemos tenido un verano caliente con los JJ OO y con los Paralímpicos y ahora mismo mi corazón está por completo entregado a esa superheroína colosal que es Teresa Perales, premio Princesa de Asturias de los Deportes, nuestra deportista paralímpica más laureada, que en París ha conseguido igualar el récord de Phelps de 28 medallas. Déjame recordarte que, a Teresa, de 48 años, le diagnosticaron a los 19 una neuropatía que le arrebató la movilidad de las piernas. Así, medio paralizada, ganó 27 medallas en natación en distintos Juegos [...] No se me ocurre un modelo inspiración al más poderoso [...] En Teresa hay una furia de vivir que es un huracán.
Cuando hablamos del deporte de élite, siempre pensamos en los vencedores y en ganar. Pero la verdad es que, durante todo el verano, yo he estado más interesada en los perdedores. Perder es un arte. Tener tu existencia casi secuestrada por tu actividad deportiva y que luego te lo juegues todo en unos minutos, es algo durísimo, brutal. De hecho, esa pelea descarnada entre el éxito y el fracaso es una representación de la lucha por la vida en la que estamos metidos todos los humanos, unos de manera más álgida y otros menos. Lo que pasa es que, en nosotros, en la gente normal, los altibajos de la pelea se alargan muchos años, una biografía entera, mientras que para los deportistas es un combate hipertrofiado, condensado, vertiginoso y con público.
Por eso otro personaje que me tiene conmovida es el formidable y auténtico Carlos Alcaraz. Cuánto disfrutaba ese chico jugando, eso se veía, lo cual, unido a sus dotes, lo hacía ganar. Hasta que ha dejado de disfrutar. Hasta que se ha metido en esa horrenda y falsa dicotomía del éxito y el fracaso, como si sólo se pudiera vencer o perder en la vida, es decir, como si todo se redujera a ser un ganador o una piltrafa, cosa que es una de las más grandes mentiras de este mundo, de las más pertinaces y perniciosas. Porque no hay nadie que triunfe o pierda en todo, y porque la vida no es una meta sino un recorrido lleno de meandros. Alcaraz está luchando ahora con su enemigo interior, ese que te susurra que no vales, que no puedes, que no sabes [...]
Ya digo, perder es un arte, y yo diría que de los perdedores se aprende mucho más que de los rutilantes ganadores, que son un poco inhumanos en su excelencia. Mientras que un perdedor te habla directamente de tu realidad y te enseña a vivir, a sobrevivir, a disfrutar siendo tú mismo y a quererte [...] Yo creo que en los JJ OO también se debería premiar a los mejores perdedores. En París 2024 esa medalla se la habría llevado Carolina Marín y su terrible lesión. Aunque sería mejor que hubiera categorías. Carolina ganaría el premio al perdedor épico, por ejemplo. Luego habría otra medalla al mejor perdedor humano, que podría ser cualquiera, e incluso cabría premiar al deportista que pierde porque comete un error: al perdedor patoso. Todos ellos podrían ser muy inspiracionales, estoy segura. Ahí lo dejo.
“Deportes”. Rosa Montero, El País, 17 SEPT 2024