Pregunta 3
Comente este fragmento del capítulo ix de la «Segunda parte» de La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza.
[5 puntos: 3 puntos por el contenido y 2 puntos por la capacidad de argumentar y estructurar coherentemente el comentario]
Por los periódicos tuve noticia de la muerte de Lepprince.
Un incendio había destruido por completo la fábrica Savolta. Debido a la huelga, todo el personal se hallaba ausente y no había que lamentar otra víctima que el francés. A partir de ahí, las versiones de los distintos periódicos eran contradictorias. […] La verdad es que ninguno se extendía en las explicaciones y todos soslayaban las preguntas que a mi modo de ver se planteaban, es decir, ¿qué hacía Lepprince solo en la fábrica? ¿Fue por su propia voluntad o se trataba de un crimen astutamente disfrazado de accidente? En tal caso, ¿habría sido Lepprince conducido por la fuerza a la fábrica y encerrado? ¿O tal vez ya estaba muerto cuando el incendio se declaró? ¿Por qué no se había iniciado una investigación policial? Cuestiones todas ellas que jamás hallaron respuesta.
Todos los periódicos, en cambio, eran unánimes a la hora de destacar «la figura señera del gran financiero». Silenciaron el hecho de que la empresa se hallaba en la ruina y compusieron hiperbólicas elegías a la memoria del finado. «Las ciudades las hacen sus habitantes y las engrandecen los forasteros» (La Vanguardia); «era francés, pero vivió y murió como un catalán» (El Brusi); «fue uno de los creadores de la gran industria catalana, símbolo de una época, faro y brújula de los tiempos modernos» (El Mundo Gráfico). En resumen, meras fórmulas estereotipadas.
Solo La Voz de la Justicia se atrevió a remover viejas inquinas y encabezó un violento artículo con este titular: «El perro ha muerto, pero la rabia continúa».
Font oficial: examen en PDF (Generalitat de Catalunya) · descarregat el 8 de setembre de 2026.