Un monstruo salvador en una película irregular de Bayona
Carlos Boyero
Todo en el argumento de Un monstruo viene a verme, de J. A. Bayona, invita a la lágrima del espectador, a la empatía absoluta con un crío al que el corazón le sangra, el cerebro está a punto de explotar atenazado por el miedo, condenado a la pérdida de lo que ama, asediado por la infinita crueldad de otros niños, masticando soledad y desamparo, soñando, intolerablemente familiarizado con las pesadillas. [...]
Sigo con interés la historia que me cuenta Bayona, reconozco la poderosa factura visual que envuelve su mensaje. Los relatos con formato de animación sobre la mezcla del bien y del mal y la complejidad de la naturaleza humana que le narra el monstruo a la desolada criatura están realizados con estilo deslumbrante, con imaginación, con efectos especiales de lujo; los actores y las actrices tienen peso dramático [...]; el retrato de un niño con pavor a la orfandad puede establecer inmediata conexión emocional, pero ante material tan adictivo existe una barrera que me distancia, me agota el abuso del piano acompañando a secuencias que pretenden continuamente ser intensas, asisto desde fuera a un material compuesto de sentimentalismo, lirismo desgarrado y un aura de terror. [...]
Creo que he visto en los últimos tiempos una docena de películas sobre niños y adolescentes tortuosos, con una carga abrumadora de violencia interior que pueden descargar en los más débiles. Y recuerdo festivales en los que se repetían mosqueantemente temáticas habitadas por el suicidio, o el cáncer, o los divorcios. Ahora parece haberle tocado el turno a los infiernos que puede sufrir gente en la edad de la incertidumbre, la inseguridad, la vulnerabilidad extrema. [...]
La chilena Jesús insiste en el tema, relatando parcialmente un hecho tan real como espeluznante: el asesinato a golpes y patadas de un chaval homosexual en un parque de Santiago, perpetrado por un grupo de matones adolescentes, puestos hasta arriba de todo, sin motivos personales, por el sadismo de cargarse al diferente.
[...] En esa masacre también participa un chaval que mantiene una relación distante con su padre [...], secretamente herido, incapaz de ponerse mínimamente de acuerdo con la vida. Y es lamentable, pero tal como me cuentan la historia su angustioso presente y su imposible futuro, el de su padre, el de sus colegas, me da igual. Vi Jesús en un pase en Madrid. Y no entendí nada de lo que decían. Imposible acceder a ese argot. Mi juicio también puede estar condicionado por esa incomprensión. O a lo peor, nada de lo que contaban tenía el menor interés. El festival de San Sebastián ha tenido la sensatez de añadirle subtítulos en castellano. Ignoro si la comprensión del lenguaje que utilizan puede alterar la valoración de ella.