El regeneracionisme
Es preciso que dejemos de pensar en los comités, en las falsificaciones electorales y en los medios de fabricar, no tan solo las mayorías que votan, sino hasta las minorías que fiscalizan y discuten, para pensar en los campos sedientos; en los caminos sin abrir, en los montes talados por el caciquismo, en los transportes costosísimos, en los puertos, en los talleres, en los tratados de comercio y en la protección inteligente de todo interés constituido y toda riqueza que nace. Conviene ya traer a las esferas superiores de la Administración, no solo el apoyo, no solo el sentido de esas grandes fuerzas sociales, sino su representación personal y propia.
Necesidad imperiosa es que la vida económica del país se desenvuelva sin las trabas de una centralización que levanta ya entre nosotros alarmantes protestas. Ha de estar ciego el que no vea que casi todas las regiones de España, en particular las que se aventajan por su cultura, su laboriosidad y su riqueza, mirando quizás más a los efectos que a las causas, atribuyen a la índole misma y a la organización del poder central los malos resultados de la política seguida hasta aquí. Se percibe ese sentimiento a corta distancia de Madrid y el ocultarlo sería una de tantas ficciones inútiles. En él hay peligros que conviene evitar y hay igualmente un fondo común de aspiraciones que me parecen legítimas.