Pregunta 2
Comente el siguiente fragmento del capítulo xxiii de Tormento, de Benito Pérez Galdós, y explique la evolución de las relaciones entre Caballero y Amparo, sobre todo a partir de este episodio.
[4 puntos: 2 puntos por el contenido y 2 puntos por la capacidad de argumentar y estructurar coherentemente el comentario]
Ante la mirada de aquellos leales ojos, la penitente estaba yerta, y la confesión era tan imposible como darse una puñalada… Olvidáronsele las palabras que había estudiado para empezar. Agustín habló de cosas comunes; ella le contestaba turbadísima. Se le había olvidado hasta el modo de respirar. ¡Y qué torpeza la de su entendimiento! Para contestar a varias preguntas que Caballero le hizo, tuvo que pensarlo mucho tiempo.
Lentamente fue disipándose su turbación. El coloquio era discreto, quizás demasiado discreto y frío para ser amoroso. Caballero estaba también cohibido al verse solo con su amada. Allí contó dramáticos pasajes de su existencia; hizo una ingeniosa y delicada crítica de los Bringas. Luego tornaron a hablar de sí propios. Él estaba contentísimo: iba a realizar su deseo más vivo; la quería con tranquilo amor, puestos los ojos del alma, más en los encantos del vivir casero, siempre ocupado y afectuoso, que en la desigual inquietud de la pasión.
Él tenía más de cuarenta otoños y, cual hombre muy sentado, su mayor afán era tener una familia y vivir vida legal en todo, rodeándose de honradez, de comodidad, de paz, saboreando el cumplimiento de los deberes en compañía de personas que le amaran y le honraran.
Dios le había deparado la mujer que más le convenía, y tan perfecta la encontraba, que si la hubiera encargado al cielo no viniera mejor… Ella, por su parte, le miraba a él como la Providencia hecha hombre. Sin saber por qué, desde que le vio considerole como un hombre modelo, y si él no tuviera mil motivos para hacerse querer, bastaríale para ello la bondad con que descendió hasta una pobre muchacha huérfana y humilde.
Mientras tales sosadas1 decían, si no con estas, con equivalentes palabras, Amparo, dentro de sí, razonaba de otro modo:
«Dios mío, no sé a dónde voy a parar… Me dejo ir, me dejo ir, y cada vez soy más criminal callando lo que callo. Mientras más tarde yo en confesarme, menos derecho tendré a su perdón».
- sosadas: ‘palabras sin gracia ni viveza’.
Font oficial: examen en PDF (Generalitat de Catalunya) · descarregat el 8 de setembre de 2026.