Texto 1
[Capítulo VII]
En el umbral se quedó paralizado de asombro ante lo que iluminaba la luz fuliginosa¹ del candilón. Sabel, tendida en el suelo, aullaba desesperadamente; don Pedro, loco de furor, la brumaba² a culatazos; en una esquina, Perucho, con los puños metidos en los ojos, sollozaba. Sin reparar lo que hacía, arrojose Julián hacia el grupo, llamando al marqués con grandes voces:
—¡Señor don Pedro..., señor don Pedro!
Volviose el señor de los Pazos, y se quedó inmóvil, con la escopeta empuñada por el cañón, jadeante, lívido de ira, los labios y las manos agitadas por temblor horrible; y en vez de disculpar su frenesí o de acudir a la víctima, balbució roncamente:
—¡Perra..., perra..., condenada..., a ver si nos das pronto de cenar, o te deshago! ¡A levantarse... o te levanto con la escopeta!
Sabel se incorporaba ayudada por el capellán, gimiendo y exhalando entrecortados ayes. Tenía aún el traje de fiesta, con el cual la viera Julián danzar pocas horas antes junto al crucero y en el atrio; pero el mantelo³ de rico paño se encontraba manchado de tierra; el dengue⁴ de grana se le caía de los hombros, y uno de sus largos zarcillos⁵ de filigrana de plata, abollado por un culatazo, se le había clavado en la carne de la nuca, por donde escurrían algunas gotas de sangre. Cinco verdugones⁶ rojos en la mejilla de Sabel contaban bien a las claras cómo había sido derribada la intrépida bailadora.
—¡La cena he dicho! —repitió brutalmente don Pedro.
- fuliginosa: 'renegrida, oscurecida'.
- brumaba: 'magullaba, molía a palos'.
- mantelo: 'largo delantal de paño de algunos trajes regionales'.
- dengue: (galleguismo) 'mantón de paño cruzado sobre el pecho'.
- zarcillos: 'pendientes'.
- verdugones: 'ronchas en la piel debidas a golpes'.
Texto 2
[Escena décima]
MAX: ¿Cuántos años tienes?
LA LUNARES: Pues no sé los que tengo.
MAX: ¿Y es siempre aquí tu parada nocturna?
LA LUNARES: Las más de las veces.
MAX: ¡Te ganas honradamente la vida!
LA LUNARES: Tú no sabes con cuántos trabajos. Yo miro mucho lo que hago. La Cotillona me habló para llevarme a una casa. ¡Una casa de mucho postín! No quise ir... Acostarme no me acuesto... Yo guardo el pan de higos¹ para el gachó² que me sepa camelar.³ ¿Por qué no lo pretendes?
MAX: Me falta tiempo.
LA LUNARES: Inténtalo para ver lo que sacas. Te advierto que me estás gustando.
MAX: Te advierto que soy un poeta sin dinero.
LA LUNARES: ¿Serías tú, por un casual, el que sacó las coplas de Joselito?⁴
MAX: ¡Ese soy!
LA LUNARES: ¿De verdad?
MAX: De verdad.
LA LUNARES: Dilas.
MAX: No las recuerdo.
LA LUNARES: Porque no las sacaste de tu sombrerera. ¡Sin mentira, cuáles son las tuyas?
MAX: Las del Espartero.⁵
LA LUNARES: ¿Y las recuerdas?
MAX: Y las canto como un flamenco.
LA LUNARES: ¡Que no eres capaz!
MAX: ¡Tuviera yo una guitarra!
LA LUNARES: ¿La entiendes?
MAX: Para algo soy ciego.
LA LUNARES: ¡Me estás gustando!
MAX: No tengo dinero.
LA LUNARES: Con pagar la cama concluyes. Si quedas contento y quieres convidarme a un café con churros, tampoco me niego.
MÁXIMO ESTRELLA, con tacto de ciego, le pasa la mano por el óvalo del rostro, la garganta y los hombros. La pindonga⁶ ríe con dejo sensual de cosquillas. Quitase del moño un peinesillo gitano y, con él peinando los tufos,⁷ redobla la risa y se desmadeja.
- pan de higos: metáfora por 'virginidad'.
- gachó: (vulg.) 'individuo'.
- camelar: (coloq.) 'seducir, galantear'.
4/5. Joselito/Espartero: famosos toreros de la época.
- pindonga: (coloq.) 'mujer callejera'.
- tufos: 'rizos que caen por delante de las orejas'.